Roberta se sentía una traidora de mente. De esas que por el corazón traicionan.
Los escupos lanzados al cielo por fin le cayeron en la cara. ¡ Y como la mojaron!
Y como le duele haberse escupido a si misma.
Por un momento había confiado en todas sus frases de batalla, en sus escudos y cascos, pero de nada sirvió. Ella misma se traiciono. Y lo peor es que lo sigue haciendo, y lo seguirá haciendo. Porque Roberta es de aquellas almas que solo cuando caen al vació y tocan el fondo, dejan de intentar, de esperar, de imaginar.
( Estoy al borde del precipicio y solo tu eres el huracán que me puede botar... o salvar.)
De un Julio pasado.
Y el huracán la dejo estable a orillas del precipicio , hasta que la primera hoja de otoño cayo junto con Roberta.
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Suspiros