Roberta solía disfrutar el goce del cine de buena compañía... Cada mes era una tradición comprar las cabritas y uno que otro chocolate para sumergirse en las butacas de aquel cine antiguo en medio de la ciudad, que después de a poco fue reemplazado por aquel cine subterráneo.
Alejandro era de aquellos que cambiaba o desplazaba cualquier panorama para dejar aquel día del mes libre, o lo que fuera , dejaba todo de lado para hacer feliz a Roberta ese día. Hací pasaron años, con una tradición que se veía inquebrantable. Cuantos estrenos no se comentaron y criticaron caminando por el paseo Ahumada, cuantos royitos regalones no aparecían después de meses con la misma no-rutina... Pero ahora Roberta carga con la incertidumbre de que en que momento por esos paseos de noche, en las calles del casco antiguo de la ciudad, secuestraron a Alejandro y porque razón no dejan siquiera que pueda seguir con la tradición. Incluso ella se conformaría con la visita de una vez al año... o incluso, menos.
Seguro que Alejandro en el fondo ansía seguir con la tradición y está buscando la manera de salir del secuestro...
ResponderEliminarpaciencia.