Solía tomarse muy enserio el trabajo y no descansaba hasta quedar exhausta de tanto intentar. Aunque el oponente no era uno, ni diez , eran cientos de regimientos, incesantes, fuertes.
Sus gritos retumbaban en todas las paredes de su cuerpo. Era como si con el agua se multiplicaran. Y aunque los resultados no duraran lo que ella deseaba, le encantaba hacerlo.
Porque solo de esta manera , ahogándolos, quedaban segundos donde estaba sola con su alma. Y el silencio reinaba.
Porque solo de esta manera , ahogándolos, quedaban segundos donde estaba sola con su alma. Y el silencio reinaba.
No había encontrado otra forma de congelar los pensamientos mas placentera, que intentar morir ahogada.